La evidente división de la derecha chilena
Muchos lo denotaron durante la última elección presidencial, pero el cerrado apoyo a José Kast en la segunda vuelta, ocultó las grietas que surgieron cuando se pulverizó la candidatura de Evelyn Matthei, en medio de una inusual campaña sucia de la ultraderecha en contra de la denominada “derechita cobarde”.
Es obvia la presencia de dos proyectos políticos, al calor de una unanimidad casi absoluta en cuanto al respaldo del modelo económico neoliberal, así como del programa de reformas económicas o Plan de Reactivación propuesto por los empresarios en la llamada Agenda por el Crecimiento. Pero, en lo que se refiere al proyecto de orden político, el bloque que lidera José Kast mantiene diferencias indiscutibles con los partidos agrupados en Chile Vamos, que no aceptan cambios en la constitución que reflejen un orden autoritario, provocando que el gobierno no pudiese avanzar en una transformación radical del régimen democrático liberal excluyente que hoy rige en la sociedad chilena.
La controversia volvió a instalarse con la información del caso Cerimedo, oscuro personaje que opera para el trumpismo en Latinoamérica desde Miami, quien habría estado detrás de la campaña que destrozó a Matthei y otras varias maniobras a favor de la ultraderecha chilena hoy en el gobierno. Asimismo, las críticas a las intervenciones de Javier Milei en el reciente Foro de Madrid, exhiben los puntos de vista disímiles en la representación política del empresariado.
Las discrepancias no parecen resolverse y lo más probable es su escalamiento, lo que debilitará el objetivo refundacional del gobierno y, si esto sucediese, el futuro del sector se complica, debido a que bajo las actuales circunstancias, es imposible que la propuesta de Chile Vamos tenga éxito, ya que no hay condiciones para un pacto que sostenga una democracia de los consensos, al menos, la esperanza de que el “socialismo democrático” asista a una negociación con las manos libres es muy difícil, aunque lo desee y lo sugiera su dirigencia. Por tanto, la división de la derecha es un imponderable que perjudicará al gobierno, el que, además, tiene que demostrar que la prometida expansión de la economía se concreta y el ofrecido crecimiento comienza a “chorrear”, de lo contrario, se irá conformando una desfavorable situación, que impedirá a la ultraderecha un buen término de su gestión y le impedirá triunfar en las próximas elecciones locales y nacionales.