¿Retorno del socialismo histórico y de izquierda?
Gran parte de la gente asocia el socialismo solo con el partido de igual nombre, sin embargo, como tendencia política e ideológica, es mucho más que eso, ya que lo constituye un espacio histórico formado por quienes asumen el reemplazo del capitalismo por un sistema socialista, en el que la democracia política y la democracia social no se disocien, cuestión que significa un cambio estructural. Coexistiendo entre varias tendencias, el socialismo chileno fue hegemonizado en las últimas décadas por el sector socialdemócrata, pero su fracaso, ha reactivado las corrientes revolucionarias, lo que redibuja el escenario de la izquierda.
El fracaso de lo que se llamó el “socialismo renovado” está íntimamente ligado al embrollo de la transición, proceso que se suponía instauraría la democratización de la sociedad chilena, pero al final fue un remedo de la democracia liberal que profundizó, a un grado impensable, la desigualdad e implantó un régimen político excluyente, en el que élites de derecha y “progresistas” unieron fuerzas para compartir el poder y las granjerías del Estado, mientras el pueblo debía conformarse con mirar, agradecido de haber recuperado la libertad y la alegría que ya venía.
Fue una “transición ejemplar” decían muchos, pero el 2019 demostró que no era tan así. En este deprimente escenario, descolló el “socialismo renovado” como proyecto que unía la democracia liberal con equidad en el marco de un capitalismo regulado y una sociedad civil que dejaba atrás la estatalización de la política. Sin embargo, fue un bodrio, nada de lo planteado resultó, porque mantenía errores conceptuales nunca reconocidos por quienes habían “superado el marxismo” y se transformaban en socialistas modernos, fanáticos de la “gobernabilidad democrática”.
En tal contexto, surge la interrogante obvia con el fracaso del “socialismo renovado”, corriente que pretende aggiornarse como socialdemocracia, ¿se cerró el espacio socialista?
Por supuesto que no. El socialismo chileno no se agota con los renovados dominantes en el aparato oficial de corte clientelar reconocido por el Servel como el PS que, no obstante, mantiene una base que aún asume la necesidad de la revolución, pero militando en una orgánica que no tiene proyecto de cambio de sociedad y reduce su acción a la búsqueda de un pacto que mantenga el capitalismo.
Pero el espacio socialista es mucho más amplio, compuesto de múltiples aristas de pensamiento, entre ellos, el Allendismo. La confluencia de muchos de ellos en una tendencia que recupere y actualice el socialismo histórico y de izquierda ha generado cierta expectativa en amplios sectores populares, ya que se necesita una nueva fuerza socialista anticapitalista, humanista y con voluntad de cambio, latinoamericanista, constructora del contrapoder, que profundice la democracia como régimen de derechos y no de dominación, con una economía basada en el conocimiento y con sus recursos naturales nacionalizados.
Vale decir, un proyecto de sociedad coincidente con el devenir histórico del movimiento popular, alejado de esquemas eurocéntricos, con decisión transformadora y alejada del cálculo pequeño y pusilánime. O sea, una fuerza histórico revolucionaria.