El Imperio continúa dividiendo su fuerza

El Imperio continúa dividiendo su fuerza

Junto con afianzar su propio bloque y debilitar la red del globalismo, Trump negocia con China e Irán desde una posición de fuerza, a la vez, restablece relaciones con la Rusia de Putin y envía una carta a Kim Jong-un. Un intento para ganar tiempo y unificar a todo el mundo capitalista bajo su hegemonía, para, en una nueva fase, enfrentar con un mayor poderío a los BRICS.

Los escenarios a escala mundial no cesan de cambiar, aunque lo hacen en un marco invariable, las fuerzas capitalistas occidentales que lidera el bloque empresarial, político y militar de Estados Unidos, retroceden cada vez más debido a la debilidad de su proyecto de dominio, generando divisiones estratégicas difíciles de concertar tras un objetivo común. Por ahora, los globalistas se han atrincherado en Europa y esperan recomponerse en las elecciones de término medio en el Capitolio y las protestas de latinos por las deportaciones parece que les favorecerán. No obstante, aún es temprano para aventurar resultados, pero lo concreto es que el gobierno de Trump se esfuerza en debilitar a sus oponentes estadounidenses como a los europeos, por lo que la contradicción de mayor magnitud se encuentra en “Occidente”, aunque en el mediano y largo plazo será la alianza sino-rusa, la que ocupará el carácter de enemigo principal en una confrontación en la que no puede descartarse el factor militar.

En tal contexto, la tendencia entre las fuerzas capitalistas que tenían el dominio absoluto a partir de 1990, ha derivado a una creciente dispersión desde el año 2008. En tal sentido, el sorpresivo quiebre entre Musk y Trump, es la lógica controversia por las fórmulas que se buscan para recuperar el dominio indiscutido. En este caso, el eje con el cual se abordarán las estrategias, ya sea el aparato de Estado o la empresa privada sin ningún tipo de control social, se encuentra en el centro de las discusiones, aunque ya parece definido y es Musk quien salió desfavorecido. Una cuestión que no es nueva en las peleas por el poder, siendo el ejemplo más recurrido, la querella entre Vladimir Putin y los oligarcas rusos.

¿División irreversible o reacomodo de fuerzas?

La industrialización que el equipo de Trump plantea como gran solución para que Estados Unidos mantenga su posición como potencia hegemónica, necesita no solo de la rápida acumulación de capital, sino también de la incorporación sustancial de conocimiento en los procesos productivos. Por eso, al asumir, buscó aliarse a los millonarios tecnócratas de las nuevas tecnologías, quienes siempre han sido financiados por el Estado, principalmente por los servicios de inteligencia. No obstante, el proyecto que plantean los nacionalistas, es de una transformación que abarca distintos frentes y hoy su discrepancia con el capital financiero es la prioritaria. A ello se deben sus llamados a que Jerome Powell, presidente de la FED, baje la tasa de interés, paso imprescindible para reactivar la economía del país, aunque sus directivos alertan del aumento de la inflación y el freno del crecimiento. De esta manera, la confrontación no amaina en todos los niveles y una especie de empate catastrófico comienza a manifestarse crecientemente, mientras las fuerzas agrupadas en el BRICS progresan, pero con una iniciativa insuficiente para desplazar la hegemonía estadounidense todavía. Ante ello, Trump intenta un rápido avance, agrupando a sus seguidores, pero la resistencia que genera el globalismo lo obliga a improvisar o retroceder, de ahí el reciente acuerdo con China. Complicadas maniobras a las que se ve obligado a recurrir, sin dejar de observar que se acaba el tiempo para imponer su hegemonía y que la división del bloque capitalista occidental, lo obliga a negociar con China, Irán, Rusia o Corea del Norte.