Los empresarios y el viejo sueño del control total
A lo largo de la historia, los empresarios siempre han tratado de imponer sus intereses por sobre el resto de quienes habitan el país. Para ello, se han valido de leyes, así como de la represión estatal, en una permanente tentativa por controlar, en especial, a los trabajadores y a las organizaciones políticas y sociales que postulan un proyecto contrario a su dominio. Hoy, siguen en lo mismo y se afanan por someter a todo el mundo.
Los empresarios chilenos no han logrado sacudirse de la impronta colonial heredada de los europeos, de dudosa reputación, que llegaron a conquistar el territorio a sangre y fuego. A pesar del tiempo transcurrido aún los anima el enriquecimiento rápido generado sobre la base del control total de la población, antes indígena, hoy más mestiza, pero mucho más pobre y, además, buscando la apropiación del máximo de bienes que le pertenecen a toda la comunidad. De esta forma, tras el propósito de obtener copiosas ganancias, se fijan objetos sin reparar en sutilezas. Así, nunca tuvieron asco en apoyar la pasada Dictadura, en la que los militares realizaban el trabajo sucio, mientras ellos se enriquecían. Periodo ideal en que los uniformados aseguraban el dominio completo del país y, muy especialmente, favorecían al capital por sobre el trabajo. De esta forma lograron “progresar”, sin el peligro que significaban los sindicatos y los partidos de izquierda o los aparatos de protección del Estado.
Actualmente, después de pasar lo que consideran un susto con el “estallido social”, intentan recuperar el espacio de maniobra para asegurar de manera fehaciente sus negocios. Ante ello, no se esfuerzan en variar sus estrategias, sino adecuarlas a los nuevos tiempos.
Pero, el objetivo es el de siempre, controlar totalmente el país sin tener que compartir con sus dominados los frutos del trabajo colectivo apropiándose del excedente impunemente.
Convencidos de que la coalición de gobierno no extenderá su mandato el 2025, están creando condiciones para que el gobierno de Matthei o Kast, sea exitoso y consolide sus ventajas.
Para que aquello suceda, tienen que mantener el control del país, ya que la experiencia, durante los gobiernos de Piñera, les indica que su gestión generará resistencia, debilitándolos, sin que logren cumplir sus metas.
Por eso, despliegan una estrategia que, tras el control, cree condiciones favorables a su futura administración, pero, condicionan lo político a sus negocios, ya que el único propósito que se plantean es el “crecimiento”, para lo cual, necesitan certezas.
La primera es un acuerdo entre los partidos que instaure el orden político que les garantice la acumulación, o sea, consolidar la hegemonía del capital por sobre el trabajo
Lo segundo es asegurar que el Estado se adecue a tales propósitos, en especial, el sistema político reduciendo el número de partidos, facilitar los acuerdos, eliminar la “permisología” y sanear el servicio público despidiendo funcionarios innecesarios.
Tercero, profundizar el control social aumentando la coacción institucional, neutralizando la protesta social y aniquilando la resistencia del pueblo nación mapuche.
En cuarto lugar, crear mecanismos legales que aumenten el traspaso de fondos estatales a los privados, junto a una reducción impositiva.
Vale decir, al empresariado le urge recuperar el predominio absoluto del país, pero en el marco de un acuerdo, ya que entiende que en solitario no tendrá el control, de ahí la presión que ejerce a todo nivel unida a los llamados al consenso. Una compleja táctica que requiere el beneplácito de los partidos de la coalición del actual gobierno, pero, primordialmente, del conjunto del pueblo, lo que no sucederá si no se afrontan las principales carencias que son la desigualdad y la exclusión, lo demás es una ilusión.