Chile y la maldición de las materias primas estratégicas
Las expectativas de crecimiento son bajas para los próximos años y solo la explotación intensiva de los copiosos recursos naturales que posee el país, podría variar la situación, no obstante, si los ingresos que allí se obtengan, no son invertidos en la industrialización de la estructura productiva, de nuevo se repetirán los errores y terminarán beneficiándose las multinacionales.
Si el país concentra su actividad solo en lo extractivo, sin que aproveche el enorme potencial que tienen sus materias primas, no podrá despuntar ni desarrollarse.
De nuevo se repite el ciclo maldito de las materias primas al que países como el nuestro, ya están enfrentando. Todos los analistas coinciden en que la transición energética mundial va a depender de la extracción de minerales en países atrasados que no se verán favorecidos, en comparación con los desarrollados, tanto en lo que se refiere a su comercialización como al beneficio de las energías limpias, ya que serán las transnacionales que explotan recursos naturales y las empresas fabricantes de automóviles eléctricos y paneles solares, todas pertenecientes a países ricos, las que se verán favorecidas. Por el contrario,
las naciones subdesarrolladas hoy se encuentran en el nivel más bajo de las cadenas de valor, por tanto, sus ingresos serán groseramente menores.
Las metas de las grandes potencias económicas es triplicar la capacidad mundial de energías renovables al año 2030, lo que significa reducir de manera gradual los combustibles fósiles, aumentando el consumo de cobre y litio en los automóviles eléctricos, y de selenio, en los paneles solares.
No obstante, los países en desarrollo que participan del suministro, no ven que se incrementen las inversiones por lo que carecen de fuentes de financiamiento, existiendo casos de gran dramatismo como el África, un continente que posee la quinta parte de las reservas mundiales de varios materiales estratégicos para la transición energética, pero tiene solo el uno por ciento de la capacidad fotovoltaica instalada a escala mundial.
Asimismo, ningún país africano o latinoamericano es fabricante de cátodos o de baterías eléctricas.
Chile es un país que produce cobre, litio y, eventualmente, las llamadas tierras raras. Sin embargo, si no logra industrializar una parte considerable de las materias primas, caerá en lo que algunos llaman la trampa del desarrollo, profundizando el patrón extractivista y ubicándose en la parte inferior de las cadenas de valor, en la medida que se ve reducido a ser solo un país suministrador de materiales, lo que significa adquirir un alto grado de vulnerabilidad frente a naciones desarrolladas que se ubicarán en niveles de mayor relevancia al participar en ciclos productivos de bienes.
¿Qué es lo que necesita el país para burlar la trampa extractivista? Tener claridad estratégica para cambiar su patrón de desarrollo, nacionalizar los yacimientos, asegurar la necesaria inversión y construir un aparato productor de conocimiento y transferencia tecnológica. De lo contrario, no podrá enfrentar en condiciones de igualdad las estrategias mediante las cuales, las naciones desarrolladas impulsan el amplio proceso de transición a lo que se denomina desarrollo sostenible y, una vez más, el país quedará sumido en el atraso.