Globalismo fomentando las guerras sin fin

Globalismo fomentando las guerras sin fin

Los planes impulsados por el globalismo, enmarcados en una agresiva geopolítica de la expansión, necesitan del debilitamiento total de los Estados de los países que se les oponen, objeto para el cual promueven las guerras sin fin, destinadas a debilitar las naciones y apropiarse de sus recursos.

Son pocos los analistas que en Chile se refieren a la división que sufre la clase dominante de Estados Unidos con las denominaciones utilizadas en países del hemisferio norte y los “expertos” nacionales sobre el acontecer mundial nunca se preocupan del globalismo ni del dominio del capital financiero. Se debe a que, son los partidarios de tal tendencia, quienes controlan a los dueños de la mayoría de los medios y el capital financiero es el grupo que impera en la economía nacional, por tanto, intenta esconder su dominio y trata de hacerlo aparecer como natural y a sus contrincantes como desadaptados y enemigos de la humanidad.

Ingenuamente, en Chile muchos creen que Biden es mejor que Trump con relación a los intereses del país. Pero, son lo mismo, ya que sus diferencias se encuentran solo en la forma en que desean que Estados Unidos siga siendo la potencia que oprime al mundo.

En tal sentido, los globalistas se han impuesto en la política estadounidense y quieren seguir haciéndolo mientras que el “trumpismo”, únicamente trata de aplicar una estrategia distinta.

Economía política de la expansión y la guerra sin fin

La guerra de Ucrania no se entiende sin la hegemonía global por parte del capital financiero y, principalmente, por la necesidad de este, de expandir su dominio hacia todo el planeta y, en especial, hacia los lugares que poseen abundantes materias primas críticas.

En tal marco, la principal oposición a dicha expansión son las naciones que mantienen un Estado fuerte, por lo que un factor ineludible para ejercer supremacía sobre ellas, es debilitar tal estructura, lo que se efectúa mediante el permanente desequilibrio interno o, a través de la colisión con otro país.

Así, se generan las llamadas guerras sin fin o permanentes, conflictos de largo aliento destinados a debilitar en extremo los aparatos estatales y que, por ser sumamente desgastantes, requieren del constante abastecimiento de armas y, sobre todo, de combatientes. Por eso, el Pentágono y la OTAN, han recurrido a lo que se denomina guerras proxis, que son las que se efectúan con soldados ajenos, quienes pueden ser yihadistas, del Daesh o ucranianos, da lo mismo, se trata de que no pertenezcan a países del G7.

Con relación al caso de Ucrania, lo primero de entender es la relevancia de Eurasia, considerado por ideólogos como Zbigniew Brzezinski, el lugar de mayor relevancia estratégica en el mundo, quien sostiene: “el que la conquiste, dominará el planeta”.

En tal sentido, Rusia se encuentra en el núcleo central, con riquezas naturales inexploradas y pocos habitantes, lugar necesario de someter para la expansión del capital financiero, por lo que este no puede permitir que Moscú gane la guerra. De ahí que la postura de Trump debe ser boicoteada aun a riesgo de una guerra mundial, por ello, antes de que asuma su mandato, las fuerzas globalistas situadas en Washington, la OTAN como en la Unión Europea, tratarán de dejarle un escenario que complique al máximo su gestión, aunque coincidirán en la guerra comercial contra China, la defensa a ultranza del sionismo y el acoso a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Al final, globalistas y trumpistas desean solo el éxito del capitalismo por encima de la voluntad de los pueblos