Socialdemócratas dispuestos a negociar con Matthei

Socialdemócratas dispuestos a negociar con Matthei

Las desesperadas ansias por lograr un acuerdo con los empresarios y sus representantes políticos, hace que los ideólogos de la socialdemocracia no descansen urdiendo una serie de grotescos planes que, no solo harán que tropiecen con la misma piedra, sino que activará contradicciones que hoy nadie desea reinstalar.

Si Mattehi sale elegida explotará su ventaja buscando debilitar a sus oponentes políticos y luego intentará que se llegue a un acuerdo solo para robustecer el modelo y expandirlo.

La lejanía de un acuerdo para restaurar el orden político está desesperando a quienes se han autodefinidos como socialdemócratas y sienten nostalgia del tiempo en que la Concertación y la Derecha marchaban unidos reproduciendo el modelo neoliberal. Pero, un mínimo de realismo los hace dudar de que tal consenso se transforme en realidad durante el actual periodo de gobierno, ya que las proposiciones de los empresarios son imposibles de aceptar totalmente por el bloque que lidera Gabriel Boric, en el contexto de un empate político en el que nadie piensa que está tan débil como para ceder. Sin embargo, según la lógica del gobierno y la oposición derechista, la necesidad de llegar a un mínimo acuerdo es urgente, para que pueda volver la certidumbre y la suficiente estabilidad que permita la inversión y que el país crezca con solidez y así logre un óptimo nivel de progreso.

En tal contexto, según especulan los socialdemócratas, si actualmente no concurren las necesarias condiciones para que el acuerdo se plasme, lo más lógico es esperar las próximas elecciones generales que despejarán el panorama político hoy empatado y como dicho sector político construye análisis sobre la base de encuestas, acepta que una posibilidad puede ser el triunfo de Evelyn Matthei, lo que no les asusta ni quita el sueño, por lo que ya están planteando la necesidad de diseñar una clara estrategia ante un eventual triunfo de la representante de Chile Vamos a fines del 2025.

Obviamente, esta debe bosquejarse teniendo como propósito alcanzar un acuerdo entre “fuerzas moderadas”, el que debería excluir a los extremos, léase comunistas y republicanos.

De esta manera, se podría reponer de nuevo un orden político negociado tal como sucedió en 1989 y que, según sus evaluaciones, sirvió para que el país progresara por 30 años seguidos, hasta que llegaron las barras bravas en el 2019 y trajeron la incertidumbre y el decrecimiento. Una situación que quedaría atrás con el regreso de la democracia de los acuerdos bajo un régimen democrático representativo y liberal rejuvenecido por el consenso.

Es evidente que tal diseño se sustenta más en deseos que en la realidad, no obstante, es una proposición que puede articular a un conjunto de viejos y nuevos concertacionistas y que será atractiva para el capital financiero, el sector que está detrás de la búsqueda ansiosa de consensos en torno a una nueva versión del modelo neoliberal y, sobre todo, atraerá a parte importante de Chile Vamos y a la totalidad del empresariado. Pero, parte de un supuesto erróneo, analiza la revuelta del 2019 desde el prejuicio, sin tener la suficiente rigurosidad para efectuar un análisis correcto. Cree que en el país no hubo un cambio, el que hoy se manifiesta latente y presume que es un problema de buenos y malos, y que la desigualdad y la exclusión son invenciones o no son tan extremas.

Alcanzar algún acuerdo sin tomar en cuenta a la ciudadanía, es maniobra destinada al fracaso, sobre todo en un hipotético gobierno de Matthei, sería un disparate de los socialdemócratas y sus posibles e ingenuos aliados.