Los empresarios utilizan el chantaje del crecimiento
Nadie puede dejar de preocuparse por el incremento del PIB, pero el problema radica en que la riqueza generada por el crecimiento no debe continuar concentrada en unas pocas familias, por ello, junto con promover que el país crezca, hay que redistribuir la riqueza para terminar con la impúdica desigualdad imperante en la sociedad chilena.
Si el crecimiento no es acompañado de medidas destinadas a terminar con la desigualdad, no va a favorecer a la gente, sino a unos pocos y exclusivos magnates.
Hasta el momento persiste gran confusión en cuanto a delimitar los problemas políticos del país y ello se debe a que en los análisis no se ha despejado el principal problema que hoy afecta a la sociedad y se tiende a insistir en factores secundarios o los que son solo consecuencia de una dificultad originaria. En tal sentido, si la mayoría de los analistas asume la inexistencia de un orden político consensuado de largo aliento como la mayor causa del conflicto y que mientras no se resuelva esta cuestión es imposible que haya certidumbre, lo más lógico es pesquisar cuáles son los impedimentos que no permiten llegar a un consenso que produzca el orden aceptado y legitimado por la mayoría de la ciudadanía. Pero, para alcanzar una conclusión aceptable, es necesario establecer que son los intereses de las distintas clases y capas sociales, los que definen todos los alcances de un acuerdo y el nivel del orden que se acepta como válido.
En tal aspecto, es relevante estipular que el capital financiero es el sector hegemónico al interior de la clase empresarial y, en definitiva, es este el que influencia, condicionado con sus beneficios, toda la discusión política que se desarrolla en el país, cuestión en la que está muy consciente, por ello, ha generado eficientemente una iniciativa destinada a imponer su propuesta y espera que la mayoría de la sociedad la acepte como verdad indiscutible y casi naturalizada.
Seguridad y crecimiento
¿Cuál es la idea eje de tal propuesta? Los problemas del país se resolverán cuando aumente su PIB, crecimiento que solo conseguirá la inversión que efectuarán los empresarios, quienes necesitarán condiciones óptimas para realizar dicha tarea, entre las que resaltan: tranquilidad, seguridad, una carga impositiva menor, agilizar los permisos reduciendo trabas ambientales, condiciones políticas estables que resguarden su inversión y que el Estado garantice suficiente traspaso de fondos al sector privado.
Esta es la matriz de la idea central de los empresarios, desde este esquema se derivan sus exigencias, las que enfatizan, según la situación, hoy es la seguridad frente a la delincuencia y el desorden político, con ambas ligan control social con hegemonía política, sobre la base de aceptar solo partidos que aprueben el modelo.
El problema central es la desigualdad y la exclusión
La construcción del relato patronal intenta desviar la atención de la gran fisura de la sociedad chilena que es la desigualdad. Existen dificultades económicas pero el país no está quebrado y los empresarios no dejan de tener utilidades que en el caso del capital financiero son cuantiosas. Su problema radica en la expansión de sus negocios, o sea, obtener más ganancias. Una situación imposible de sostener en Chile, los empresarios no desean ceder y ello imposibilita un acuerdo y retrasa la construcción del orden. Los ricos del país, culpan a otros de los problemas y son ellos los principales responsables de que se mantenga la crisis y como remate, pregonan más exclusión reduciendo por secretaría los partidos políticos, dejando los “más fuertes”, o sea, los que favorecerán un acuerdo entre las elites. Si la sociedad no derriba el muro levantado por el empresariado no logrará un consenso legitimado.