Empresarios detrás de un objetivo inalcanzable
Todas las ideas impuestas por los empresarios del país apuntan a fortalecer sus negocios, a pesar de que las disfrazan con aparentes buenas intenciones. En dicho aspecto, construyeron un conjunto de nociones que sintetizan una plataforma ideal para expandir sus ganancias y, en todas ellas, se encuentra la mano del capital financiero como el gran inversor y, obviamente, el favorecido por los altos intereses que obtendrá. Los principales elementos que constituyen tal grupo conceptual son: el país debe crecer y los empresarios son el sujeto que lo producirá y, para ello necesita de ciertas condiciones: reducción de impuestos, bajar los salarios, mayor flexibilidad laboral, traspaso de fondos públicos, aumentar las facilidades en las inversiones reduciendo la permisología, sobre todo, evitando la protección ambiental, y lograr una migración ordenada que pueda abastecer de mano de obra barata y desregulada.
Todos ello, consagrado en un pacto político en el que los partidos aseguren la paz social y reformen el Estado como garante de la reproducción del modelo. Esto crearía condiciones para que el país logre crecer en un 4%, permitiendo la creación de empleos y un aporte al Estado, lo suficiente para que mitigue la pobreza y la desigualdad a través del chorreo.
De esta manera, el empresariado chileno asume una postura totalmente alejada de la realidad y atrincherado en torno a tal argumento no acepta otra salida, cuestión que los ha llevado a presionar por reformar el sistema político, para que favorezca a los partidos que aceptan una negociación bajo sus términos. O sea, lo quieren todo sin ceder un ápice.
Ante ello, resalta la lógica duda ¿es posible que bajo la actual correlación de fuerzas sociales sea viable tal plataforma empresarial? Es evidente que no.
En primer lugar, no hay condiciones políticas para que continúe la desigualdad de tipo estructural, por el contrario, hoy pocos la consideran legítima.
En segundo orden, desregular todo, disminuir salarios y rebajar los impuestos siempre tiene un límite.
Los empresarios no entienden que es casi imposible que surja un pacto en el que solo sus intereses se vean favorecidos, mientras excluyen al resto de la sociedad observa.
Igualmente, privilegiar intolerancia en lo económico y en lo político, es enfrentarse al sentido común, lo que crea un problema estratégico, ya que sin proyecto que resguarde el interés general e insistiendo en el agotado modelo, aislará todavía más a los empresarios del resto de la sociedad, corriendo el riesgo de ya no ser el niño mimado por la elite política. En términos concretos, no esforzarse por mantener una mirada integral de la sociedad, reduciéndola a su entorno e intereses, es el principal error de los “hombres de negocios”, y tanto va el cántaro al agua que al final se rompe.
De nada les sirve que aporten grandes sumas a sus centros de estudios, si estos generan un diagnóstico poco realista de la situación política y social del país, dedicándose a agradarles con ponencias que rayan en la irrealidad o a justificar estrategias que solamente terminarán hundiéndolos. Sin voluntad de ceder, les espera un futuro cuesta arriba.