Los gestos para la galería del Partido Comunista
¿Cuál es el propósito del PC cuando llama al gobierno a convocar a una presión de la ciudadanía para aprobar las reformas? Creer que el pueblo se va a levantar a una orden del presidente avalando sin condición sus acuerdos es un cuento que nadie puede suponer con un mínimo de seriedad, ya que la movilización social es un elemento que va mucho más allá de las marchas por las calles o las declaraciones de apoyo sin compromiso real.
Presumir que se maneja a los actores sociales de manera incondicional, es uno de los mitos de ciertos partidos de izquierda, pero deducir que hay una parte del pueblo que se maneja sin autonomía y está en disposición de movilizarse cuando desde las alturas se le ordene, es una insensatez. En tal sentido, la pregunta que surge es ¿por qué no se gobierna con el pueblo y se deja de concebirlo como materia utilizable solo cuando le conviene a La Moneda?
El problema de los comunistas es que no asumen que el problema principal es la crisis del orden y que tal situación es un problema político hoy insoluble y que afecta en forma determinante a la institucionalidad, en cuyo marco es imposible alcanzar consensos. Frente a lo cual, recurrir al pueblo como factor de desequilibrio solo puede concebirse bajo una mirada revolucionaria, debido a que implica la ruptura, porque suponer que se incentivará la movilización para una vez alcanzadas las dos o tres escuálidas reformas todo volverá a ser como antes, imponiéndose la desmovilización, es un error garrafal.
La movilización de cualquier actor social en términos políticos no es algo que pueda hacerse por arte de magia, mucho menos su utilización como “cuco” a la Derecha pensando que esta se asustará y aceptará las reformas, porque si no lo hace, ¿qué más sigue? El gobierno de Allende nunca debió convocar a las masas, estas le exigían y durante el paro de octubre los obreros de los cordones industriales desataron su propia contraofensiva, no le pidieron permiso al gobierno ni esperaron su llamado, ya que había un sentido estratégico de poder por parte de los trabajadores.
Por ello, hoy el gobierno en el que participan los comunistas, administra el modelo neoliberal y en dicho contexto negocia un par de reformas con la Derecha que ni siquiera da para salida gatopardista y ¿pretende que el pueblo los acompañe por un momento para luego volver a desmovilizarse? Craso error, ya que solo podrá activar a su militancia y, además, dividirá a los movimientos sociales en un claro momento de reflujo. El gobierno concentró su gestión en los salones y si concluye que no dio resultado, debe dar un golpe de timón y buscar un nuevo escenario proponiendo un plan de lucha, pero aquello es de una audacia que nadie tiene en La Moneda.
La objetivación de la movilización social
La asociación de la movilización social con un marcha, la ha objetivado a tal grado que ya no se la ve como un proceso, mucho menos como conjunto de relaciones destinadas a generar un cambio en la relación de fuerza en la perspectiva del poder político del Estado, porque es esencialmente política. Pero, se transformó en un fetiche que requiere de gritos y muestras de combatividad en las aceras para que después los manifestantes se vayan a sus casas, mientras la clase dominante prosigue con su hegemonía y, en el caso de Chile, administra la crisis con cierta tranquilidad, ya que no interviene negativamente en la acumulación de ganancias. Solo le preocupa la incertidumbre que no permite la inversión, o sea, la expansión de sus negocios, en lo demás, la gente puede marchar cuando y cuanto quiera, ya que no molesta en sus barrios y piensa que en algún momento se cansarán.