El bajísimo nivel del análisis internacional de Gabriel Boric
“Hoy es Venezuela mañana podría ser cualquier otro”. Las palabras del presidente del Chile, presuponen que, esta es la primera vez que EEUU interviene militarmente en un país y, debería presumirse que se refiere a Latinoamérica, ya que, si su deducción contempla a cualquier nación del orbe, sería más complejo entender la frase con la que concluyó su declaración en la que, en forma muy correcta, expresaba su “máxima preocupación y enérgica condena frente a las acciones militares que Estados Unidos está desarrollando en Venezuela”.
¿Dónde está el problema? En la conclusión, que demuestra una gran mezcla de ingenuidad y falta de rigurosidad para quien ejerce tan alta investidura en el Estado chileno.
Sin ningún tapujo, en noviembre del año pasado Donald Trump señaló que su política exterior se basaría en lo que denominó la estrategia de seguridad nacional, actualizando la Doctrina Monroe en lo que denominó el “corolario Trump”.
Tal categoría no puede analizarse al margen de lo que se conoce como la doctrina del “Destino Manifiesto”, la que asume que los estadounidenses blancos, descendientes de los primeros colonos ingleses y escoceses que llegaron a lo que hoy es Norteamérica, forman un pueblo elegido.
Por su parte, la doctrina Monroe fue elaborada por John Quincy Adams durante el mandato de Jame Monroe, en un periodo en que América, en 1823, estaba completando su ciclo independentista, lo que significaba que el nuevo y el viejo mundo debían marchar separados irremisiblemente.
América para los americanos, dijo Monroe, pero esto debía adaptarse al particular interés del pueblo elegido.
Estados Unidos, entonces, no era ni siquiera potencia regional, pero bajo ambos conceptos, se expandió por la región, apropiándose de territorios y recursos, proceso que se aceleró en la medida que fue más fuerte y adquiría la categoría de potencia mundial. Por ello, eso de que “le puede pasar a cualquiera”, es como una broma, ya que “viene pasando” desde hace más de un siglo, incluso Boric desconoce la historia de su país, debido a que, entre 1970 y 1973, este sufrió una intervención flagrante, que culminó en un sangriento golpe de Estado con miles de víctimas y que, a 52 años, aún, irreconciliablemente, mantiene dividida a la sociedad chilena.
Gabriel Boric, un adherente del globalismo
El Imperio está dividido en dos fuerzas, la globalista y la nacionalista, el Frente Amplio, el PS, el PPD y otros, simpatizan con la primera, por eso, Boric es aliado de Zelensky y olvida que el nudo del conflicto ucraniano es el aniquilamiento de las repúblicas populares del Donbás y que algunos de sus milicianos luchan con la figura del Che Guevara y que entre los soldados de Kiev, abundan neonazis de origen europeo occidental que tienen tatuada la suástica hitleriana, además, fue el jefe del partido comunista de Rusia, Guennadi Zuiganov, quien en la Duma planteó y presionó para que se acudiese en ayuda de las repúblicas populares del Donbás. Además, Zelensky prohibió las actividades de los partidos de izquierda en Ucrania.
Atacó a Maduro desde Emiratos Árabes Unidos
En julio pasado Gabriel Boric criticó la elección en Venezuela desde un país cuyo régimen es una dictadura de siete familias. Igualmente, efectúa ceremonias con Úrsula van der Leyen, un personaje semimafioso que nadie ha elegido. Viaja a China y sale en fotos con el presidente nominado por el Partido Comunista. O sea, un doble estándar cercano a una charada.
El fondo radica en que los globalistas como el trumpismo desean la derrota de la izquierda socialista en la región.
El globalismo, ala política del capital financiero especulativo, desea imponer su dominio mundial y los países del Sur Global solo son considerados como proveedores de recursos naturales estratégicos. Así, desataron las revoluciones de colores, la tragedia de Libia y, en Siria, un terrorista es el presidente de la república.
Por eso, Boric no saca nada llorando con lágrimas de cocodrilo, mantiene una postura equivocada y tiene que asumirlo y, sobre todo, estudiar.