La falta de autocrítica en la izquierda latinoamericana
A pesar de llegar al gobierno numerosas veces, una y otra vez debe ceder ante las contraofensivas de la derecha e iniciar todo de nuevo, en un agotador proceso de nunca terminar.
Más allá de la deplorable conducta de sus líderes, a nadie debe sorprender la derrota de la izquierda en Bolivia y el ascenso de la derecha del país altiplánico, ya que junto a la impresentable división del MAS, este ir y venir desde el gobierno a la oposición por parte del progresismo y las izquierdas del subcontinente, se ha transformado en una constante, en la que pareciera que solo se aspira a impulsar ciertos “ciclos”, en los que se promueven medidas favorables a los grupos de menores recursos, para que luego se genere un rechazo por parte de la población que apoya a partidos derechistas, que revierten todas las disposiciones y leyes que formaban parte de un programa de transformaciones que aspiraba a imponer mayor justicia social.
Falencias en el proyecto de cambios
Muchos analistas y dirigentes han justificado sus reveses culpando a la forma en que la derecha ejerce la oposición o al decisivo papel que juega Estados Unidos en la derrota de los bloques progresistas o de izquierda en sus respectivos países. Sin embargo, tales excusas no se sostienen en lo mínimo, ya que no se puede esperar que el enemigo de clase acepte pasivamente que se le desaloje del poder y varíe su política favoreciendo las clases subalternas.
El problema se encuentra al interior de las fuerzas populares, cuya falta de capacidad ideológica no permite generar proyectos de cambios que la mayoría de la sociedad acepte y esté dispuesta a participar activa y masivamente en su aplicación.
En tal sentido, dos factores aparecen como relevantes, uno de ellos es el alcance de los programas, ya que en muchos casos solo se aspira a la regulación del neoliberalismo, lo que es imposible, por lo que muy luego el pueblo advierte que es solo una versión edulcorada del modelo y opta por sus verdaderos impulsores.
En segundo lugar, si el programa asume cambios en profundidad y estos comienza a imponerse, se es incapaz de pasar a representar el interés general, reduciendo el proceso de cambios al interés corporativo de algunos sectores y no de la mayoría, lo que es aprovechado por la derecha para alzarse como alternativa de las aspiraciones del conjunto de la sociedad, aislando a la izquierda de un amplio sector de la ciudadanía.
Si a estos dos elementos se suman otros, como la mala gestión, el bajo nivel técnico de los dirigentes, la incapacidad para resolver conflictos internos o cuestionables prácticas de gobierno, el cóctel contrarrevolucionario está servido. No obstante, en la izquierda latinoamericana no se encuentran liderazgos dispuestos a asumir una postura autocrítica y, por el contrario, se evade admitir los errores, cuestión lamentable que retrasa la solución de problemas que deben afrontarse con alta madurez.