Los principios de Boric no son extensivos a la nación mapuche
El presidente de la República se apresuró en condenar el ataque de Estado Unidos a Irán, una cuestión correcta, ya que es una agresión impresentable frente al Derecho Internacional y a la convivencia mínima entre los pueblos. Frente a las fuertes críticas que recibió, las cuales le reprochaban una actitud apresurada y lo conminaban a mantenerse neutral, respondió que era una posición de principios. Una conducta respetable, pero que no se condice con la que actualmente mantiene con el pueblo nación mapuche, ya que durante años ha extendido una y otra vez el Estado de Excepción desde el 17 de mayo del 2022, una situación arrastrada desde la administración de Sebastián Piñera. Es evidente que la situación anormal se centra en las comunidades rurales mapuche, o sea, en lugares alejados de los centros urbanos de la Araucanía y de dos provincias del Bío Bío, por tanto, aún dentro de la zona declarada en emergencia, existen injustas diferencias, las que se acrecientan en relación con Santiago.
Sin embargo, el llamado “conflicto mapuche”, vocablo destinado a deformar un tema con una profunda connotación histórica, no tiene ninguna señal que indique su pronto término y los esfuerzos que efectúa el Estado chileno, a través de comisiones u otras iniciativas, se muestran incapaces para alcanzar una solución, ya que no han variado la estrategia iniciada por Patricio Aylwin, basada en una conciliación subordinada, que solo disfraza un intento vano de neocolonialismo, sustentado en las ideas racistas de la vieja oligarquía chilena.
Lo central es que se aparta de resolver la razón de fondo del problema, que no es otra que el despojo territorial, político, económico y cultural de un pueblo nación por parte de la clase empresarial chilena, que utilizó el Estado para extender el modo de producción capitalista al antiguo Wallmapu, así como su homóloga argentina lo hizo en el Puelmapu.
El gobierno de Boric se acabará pronto y la situación continuará porque el problema cardinal es la usurpación del territorio y el dominio racista por parte de los colonos de origen extranjero, de ex latifundistas convertidos en agroindustriales, de grupos económicos forestales y de empresas transnacionales depredadoras del medio ambiente. Es una dimensión nacional y también de clase, con gran complejidad, que el gobierno no entiende o no quiere entender.