Tremendo enredo en la Derecha chilena
Sin un sólido proyecto de futuro y escindida en dos grandes bloques, que a la vez se subdividen en otros fraccionamientos, la Derecha no tiene posibilidad alguna de lograr constituirse en alternativa viable y no sirve siquiera para ser oposición.
Diversas son las corrientes que constituyen la Derecha chilena, pero todas tienen en común la matriz ideológica liberal, en su versión conservadora. Por mucho que algunas de sus fracciones traten de mostrar un aire de “modernidad” la influencia guzmaniana aflora, así como la impronta pinochetista.
No obstante, el ocaso de la ideología liberal y eurocéntrica, fenómeno del cual culpan al “marxismo y a las ideas identitarias” los pone frente a un problema existencial al aferrarse a la concepción nacida en la Grecia antigua ya superada por la historia.
Es la idealización de una sociedad esclavista que progresó con libertad limitada a unos pocos aristócratas hombres. Vale decir, se construyó bajo una matriz que justificó la existencia de dos tipos de seres humanos, los superiores, unos pocos dueños de propiedades y que gozaban de todos los derechos, con una inmensa masa de oprimidos. Dicha noción es base de una relación de desigualdad y opresión extendida a las llamadas “culturas primitivas”, justificando el genocidio y la colonización. Dicha concepción se naturalizó como la idea dominante, sin contradictores durante siglos, pero, desde su interior y, sobre todo, de las civilizaciones oprimidas, comenzó a ser cuestionada alterando el andamiaje de opresión construido para favorecer a quienes progresan a costa de la explotación humana y la destrucción del medio ambiente.
Remar en contra de la historia
La concepción liberal, excluyente y conservadora, es la base de todas las versiones políticas derechistas, tanto en quienes apoyan a Matthei como a Kast, Kaiser, Rojo Edwards o a los socialcristianos y, aquello, es una gran dificultad a la hora de ceder para un pacto quedando solo hacer política reducida a los propios. Los estrategas de Matthei que pujan por acercarse al centro político, parten de la premisa de que obtendrán concesiones como las que es entregó la Concertación en 1989. Pero ese país no existe después de la rebelión de 2019. Así, diseñar una estrategia hacia el centro, pero sin hacer concesiones es una ilusión.
Por otro lado, la estrategia de Kast y Kaiser, que busca hegemonizar a la sociedad chilena a partir de sus ideas y esperando que estas sean asumidas por una mayoría abrumadora, muestra otra ingenuidad, ya que ni siquiera puede convencer de dicha posibilidad a sectores importantes de su propio sector. Frente a ello, después de estar con grandes posibilidades de triunfar en las presidenciales de fin de año, Matthei comenzó a retroceder y ya todo se le volvió cuesta arriba.
El ADN liberal, de tipo conservador y excluyente, le aparece de manera espontánea con “salidas de madre” inexplicables. Una y otra vez ajusta su equipo, pero increíblemente ya le es difícil remontar, porque no puede.
Matthei, Kast, Kaiser y otros y otras, no están dispuestos a ningún cambio, retrocedieron a 1919, al periodo anterior a Alessandri Palma. Se quedan con los principios de Jaime Guzmán, sin aprender de su capacidad táctica y estratégica para retroceder tal como lo hizo a fines de 1989, cuando le cedió la presidencia del Senado a Gabriel Valdés, pero ubicó a la UDI, en las ligas mayores después del desastre del plebiscito de 1988, pensando en que en el largo plazo sería un partido de gran influencia. Hoy la Derecha está ciega y lo mejor que le puede pasar es que pierda la presidencial.