La debilidad del gobierno frente a los grandes empresarios

La debilidad del gobierno frente a los grandes empresarios

No resultan sorprendentes las palabras de la que será próximamente presidenta de la Confederación de la Producción y el Comercio, Susana Jiménez Schuster, quien hace unos días afirmaba sentirse satisfecha porque el gobierno había asumido dos temas sobre los cuales, los empresarios venían insistiendo desde hace un tiempo, uno era el crecimiento y el otro, la seguridad. Ahora, Rosario Navarro, ejecutiva de la Sociedad de Fomento Fabril, Sofofa, exigió la rebaja del impuesto de primera categoría desde un 27% al 23%, indicando que ese era el estándar OCDE, mientras, el gobierno indicó que era lanzar “el tejo pasado” y ofrece una disminución al 25%. Sin embargo, a pesar de su exigencia, Navarro comentó que igualmente los empresarios están complacidos, porque “va en la línea correcta” y tal actitud ofrece espacios de conversación.

Ese es el tenor de las declaraciones patronales y tienen como objetivo ordenar toda la discusión pública de acuerdo a sus intereses. Lo lamentable es la conducta gobiernista y su excesivo guante blanco para tratar con los “hombres de negocios”, aun cuando esta vez su vocería se encuentre concentrada en sus mujeres. Desde La Moneda, se ve una manifiesta consideración a quienes no desean ceder en nada sus privilegios, ya que, además, pareciera que estuviesen ad portas de una quiebra y es todo lo contrario, debido a que las empresas, especialmente las financieras, obtienen grandes utilidades y los tributos que imponen son irrisorios, pero, han instalado la idea de que solamente los empresarios pueden hacer que el país crezca, por lo que debe dárseles toda clase de facilidades, entre ellas, menos carga impositiva, para que así puedan invertir y el país se desarrolle y logre entregar ayuda a los más necesitados. Una patraña digna de un cuento de hadas, pero que no refleja la realidad. Chile crece esencialmente por el sacrificio de sus trabajadores, que con bajos salarios y alta precariedad, laboran en los campos, las pocas fábricas, los servicios públicos, los puertos, las minas y hospitales, entre otros muchos lugares. Por ello, es inaceptable que el gobierno carezca de real voluntad para contener la frescura de los empresarios, quienes repiten tanto sus mentiras que terminan creyéndose el cuento y con una desfachatez asombrosa condicionan el futuro del país al resguardo de sus intereses. Es hora de que se ponga en su sitio a todas y todos aquellos que se sienten suficientemente privilegiados para direccionar el rumbo de las instituciones que dicen tanto defender, arrastrando a toda la población a un estado de conmoción, solo porque no se les garantiza mantener sus granjerías.