El declive del proyecto de Israel
Israel dejó de ser visto como país progresista y democrático, creado bajo normas en las que regía lo comunitario y, cuya construcción, fue fruto de una heroica epopeya ejecutada por sobrevivientes de un brutal holocausto. Hoy es considerado la punta de lanza de un capitalismo decadente, sostenido por fanáticos que asesinan mujeres y niños que pertenecen a un pueblo al que se le quiere expulsar de la tierra en que ha vivido por miles de años. Un cambio estratégico del relato que anuncia su desmoronamiento.
Son muy pocas las personas que, en el mundo, se explican el cruel genocidio que ocurre en la Palestina ocupada como una guerra de autodefensa, menos de sobrevivencia, por parte de Israel. La profunda derrota del sionismo es ideológica y cuando un proyecto llega a tal nivel, es que dejó de ser viable. Por ello, su continuidad depende de lo fuerte o débil que sean sus aliados y de la importancia estratégica de la región para las potencias mundiales.
En primer lugar, es necesario indicar que antes del 7 de octubre del año pasado, Israel pasaba por sus mejores momentos, debido a que, además de ser un bastión del atlantismo en el que Estados Unidos, el Reino Unido y sus aliados le conferían trato preferencial, era un capitalismo en expansión, sus reservas eran cuantiosas y su desarrollo tecnológico imponente. Asimismo, tenía óptimas relaciones con Rusia y China lo consideraba parte importante de la Ruta de la Seda e importantes instalaciones portuarias, de hecho, el segundo puerto en importancia, recibieron millonarias inversiones desde la potencia asiática. Asimismo, Joe Biden incrementó los alcances de los Acuerdos de Abraham impuestos por Trump y Arabia Saudita estaba muy próximo a reconocer al Estado judío e iniciar una pronta era de armoniosas relaciones consolidando su posición.
El fin del relato heroico de la reforestación el desierto
Una de las leyendas extendidas por la propaganda israelí es el florecimiento del desierto, siendo el Negev el caso emblemático, pero, fue una iniciativa basada en dos discutibles factores. El primero, fue afirmar que eran lugares deshabitados, una falsedad, debido a que allí vivían familias de beduinos seminómades que fueron expulsados.
Según opiniones de habitantes árabes del Negev al New York Time del 2 de marzo de 2015: “En cualquier parte a la que vayamos en este país, donde haya un bosque del Fondo Nacional Judío, FNJ, veremos en el fondo las ruinas de un poblado árabe”.
Lo segundo fue concebir la operación desde la racionalidad instrumental, destruyendo ecosistemas autóctonos por la implantación de árboles sin un estudio de impacto serio que evitase la destrucción del medio ambiente. Así, el relato sionista que afirma que la llegada de europeos judíos fue positiva, al transformar en vergel lugares secos y deshabitados, es una mentira que buscó justificar la ocupación de una tierra que mantenía un equilibrio ecológico y en el que vivían tribus con una cultura distinta considerada primitiva por europeos que la invadieron militarmente apoyados por las potencias capitalistas atlantistas.
El desplazamiento de la guerra a Siria
La reanudación de la guerra en Siria es un esfuerzo supremo de la OTAN para desviar la guerra entre Israel y el Eje de la Resistencia hacia otro sitio que desahogue al acosado ejército sionista. Israel es pequeño geográficamente, con baja población y no tiene profundidad estratégica, por eso nunca aceptará un Estado palestino. Con urgencia necesita ampliar el teatro de operaciones y para ello depende de la OTAN, la que debe protegerlo y evitar que sea acorralado en su exiguo territorio. Así, armó un ejército de yihadistas, kurdos y mercenarios, que traslada a cualquier parte del mundo. Esta vez, los volvió a instalar en Siria con la ayuda de ucranianos que manejan los drones y con la complacencia de Turquía. Un amplio bloque que la OTAN instaló en la región para defender a Israel, ya que no puede dejar que sea derrotado, porque se acabaría la presencia de la “civilización occidental” y la región caería en las penumbras del primitivismo. Una idea que ya nadie acepta, tampoco que se confunda antisionismo con antisemitismo, porque los únicos semitas muertos son los palestinos, asesinados por judíos descendientes de europeos. El fin de un conjunto de enunciados que presagia la derrota del proyecto.