La importancia de la reactivación de la lucha sindical
Por diversos motivos, diversos sindicatos y agrupaciones gremiales, principalmente ligadas a los servicios públicos, han comenzado un tenue proceso de movilización tras reivindicaciones sociales y económicas, muchas de ellas, silenciadas por el aparato mediático empresarial que predomina ampliamente en Chile. Así, trabajadores de Tur Bus, del tráfico aéreo, del colegio Tomás Moro, de Gendarmería y otros, han desarrollado paralizaciones, regladas y no regladas, léase legales e ilegales, tras el propósito de defenderse frente a la acción patronal, acostumbrada a ejercer un trato indigno, ya sea en la fijación de salarios, carrera funcionaria, estabilidad laboral u otras sentidas demandas que están cansados de posponer en cuanto a su resolución. En tal sentido, para el próximo jueves 28 de noviembre, la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales, Anef, convocó a un paro nacional de 24 horas, en momentos en que iniciaron el proceso de negociación sobre el reajuste salarial de los funcionarios públicos y como rechazo al dictamen de la Contralora Dorothy Pérez, acerca de la confianza legítima, precepto aplaudido por los parlamentarios derechistas y que aumentaría la precariedad laboral en las y los trabajadores estatales. Es evidente que las aguas mansas que regían las relaciones laborales no eran tales, sino más bien un fenómeno provocado por el excesivo control y la fuerte coacción de los empresarios y del aparato de Estado, sobre el personal asalariado. Una cuestión que se ha generado con la complicidad de las cúpulas sindicales oficialistas y la debilidad de las que mantienen posturas clasistas y, sobre todo, por la traición de los antiguos “partidos obreros”, hoy desde el gobierno, transformados en simples trozos del clientelismo y el nepotismo. De esta forma, en la relación capital/trabajo, la rosca patronal tiene la supremacía conferida por las leyes, la fuerza, el poder económico, el apoyo estatal y la confabulación de la representación política de uno y otro lado. En tal aspecto, resultó risible la política laboral de la Concertación y la Nueva Mayoría, destinada a generar instancias conciliadoras tripartitas que plasmasen un punto de encuentro entre agentes directamente involucrados en el proceso de producción de bienes y servicios, lo que resultó un fiasco, que sería una anécdota si no fuese porque desvió la atención de los problemas principales, quedando el mundo del trabajo en peores condiciones, ya que desmotivó la sindicalización, la que hoy es casi formal en los lugares en que los trabajadores se organizan. Por ello, es de esperar que los pequeños signos reactivadores de la lucha sindical se fortalezcan, es necesaria la presencia de los trabajadores como sujetos activos de la sociedad.