La Derecha dividida y con problemas en el relato

La Derecha dividida y con problemas en el relato

La extraña aseveración de Evelyn Matthei con relación a la posibilidad de fraude en caso de que las elecciones se realicen en dos días, modalidad con la cual fue elegida, muestra el sorprendente giro del relato de quien jugaba a la moderación y a la responsabilidad.

Los días 15 y 16 de mayo del 2021, se realizaron las elecciones comunales y de gobernador, las que habían sido pospuestas de su fecha normal, en el 2020, por la epidemia del coronavirus. En tales comicios fue elegida Evelyn Matthei como alcaldesa de Providencia y esta celebró su triunfo sin problema.

No obstante, hoy insiste en que la realización de una votación en dos jornadas posibilita un fraude. Con ello, se asemeja a los argumentos de candidatos ultraderechistas, como Bolsonaro o Milei, que día antes del acto eleccionario señalaron dicha posibilidad como razón eventual de una derrota. Una forma de enturbiar los procesos sin justificación alguna y que puede ser factible de aplicar en países como Brasil o Argentina, ad portas de las elecciones, pero que en Chile es extemporáneo y algo alejado de la realidad. No es nuevo como truco, ya que en marzo de 1973, la Derecha no logró derrotar a la UP con la contundencia necesaria para destituir al presidente Allende y señaló como falaz recurso que había existido fraude. Obviamente era una norma del manual de la CIA.

Las distintas opiniones de varios analistas de la Derecha, así como las ambiguas intervenciones de sus dirigentes, están indicando que no existe unanimidad en el sector para afrontar los eventos electorales, poniendo en duda su supuesto triunfo frente al gobierno.

Resulta insólito lo de Matthei, ya que el Servicio Electoral, es dirigido por un militante de la UDI y toda posibilidad de escamoteo en futuros sufragios pasa por su complicidad.

Lo nuevo de tal manifestación es el desorden del relato que comienza a evidenciarse en la Derecha, por una razón muy simple, es la reacción ante la ausencia de una idea central que surja de un proyecto político con un mínimo de coherencia. Lo que, además, influye en el embrollo existente en las tres comunas del barrio alto, por la competencia casi fratricida para asegurar un triunfo calado, por parte de personalidades del sector. Entusiasmo que no se observa en otras comunas, lo que ha llevado a algunos analistas a indicar que hay en la Derecha chilena cierta “cobardía electoral”. Una forma de empujar a sus dirigentes y militantes a una especie de ofensiva para copar las instituciones del país, debido a la crisis del gobierno. Una recurrente y equivocada opinión, ya que si Boric tiene problemas no es solo porque su gestión sea irregular, sino porque insiste en desplegarla en los marcos del modelo neoliberal y tal acción, también alcanza a la Derecha y a los empresarios, quienes mantienen una visión extraordinariamente parcial de la crisis y piensan que es de tipo coyuntural y exacerbada por unos pocos extremistas, sin aceptar los aspectos estructurales que presenta.

Como colofón de ello, la división se extiende por el sector y las acciones particulares se están ampliando y surgen francotiradoras o mesiánicos salvadores que creen en la irrupción de significantes convulsivos como fórmula de trabajo político y creen que alzando la voz y exacerbando los ánimos debilitarán psicológicamente a sus enemigos. La ausencia de liderazgo equilibrado, propositivo y realista, además de estrategas con un mínimo de capacidad, le pasa la cuenta a la Derecha, opción que está transformándose en fuerza política multipropósito, no por la habilidad para encarar distintas funciones sino por los diversos objetivos y tareas que sus dirigentes y militantes están emprendiendo, uniéndolos solo una feroz lucha guerrillera en contra del gobierno y del “octubrismo”. Pero tal postura significa no avanzar más allá de los convencidos y vivir del recuerdo del triunfo en el primer plebiscito de salida, sin asumir que perdieron la última elección y no tienen asegurada la próxima.