¿Socialismo democrático con manos libres para negociar?

¿Socialismo democrático con manos libres para negociar?

Las divergencias que se muestran en el actual oficialismo, revelan la falta de coincidencias en asuntos estratégicos de una alianza que solo buscó administrar el modelo neoliberal.

 El desagrado por las recriminaciones debido a la aplicación de la Ley Naín, fue solo una excusa para alejarse de socios que perjudiquen futuros acuerdos con el gobierno de Kast.

Fue una sorpresiva decisión por el momento en que se realizó, pero su concreción era una cuestión de tiempo, porque la razón que mantenía unido al oficialismo, ya dejó de existir. Con una evidente falta de ideas, el socialismo democrático se redujo a un fuerte aparato clientelar, aunque no es nada más que eso. En tal sentido, sin asco se subordinó al Frente Amplio, mientras este estuvo en el poder, pero hoy mira hacia la pared opuesta, el gobierno de Kast. No porque quiera ser parte de este, sino debido a que ve una buena oportunidad para transformarse en bisagra y ser futuro centro de negociaciones que logren constituir un nuevo pacto, una maniobra para la cual, necesita tener amplia libertad de movimiento, algo que lo obliga a dejar la híbrida alianza que mantuvo con sus, a estas alturas, ex socios de gobierno.

Los graves problemas ideológicos y su consecuente debilidad estratégica, le impide al socialismo democrático elaborar una línea política con la cual pueda abordar la complejidad de la actual fase del capitalismo, por lo que recurre a lugares comunes y lo más probable es que insista en la política de los consensos, transformándose en la madre Teresa de los acuerdos, sin perder de vista a sus antiguos socios, pero diferenciándose de ellos, ya que de lo contrario, no serviría al sector dialogante del gobierno de Kast, que tratará de complacer al empresariado buscando la unidad que asegure la paz social y el control de los actores sociales antisistémicos. Cuestión para la cual los socialdemócratas están más que dispuestos y accesibles.

Sin embargo, cometen varios errores de principiantes, primero que para la realidad latinoamericana el proyecto histórico socialdemócrata europeo no es viable. En segundo término, la intransigencia empresarial entorpece el consenso y, por último, les surgió una competencia y tendrán que disputar el espacio socialdemócrata con el Frente Amplio, lo que pone cuesta arriba la implementación de su, ya discutible, estrategia. Un verdadero embrollo.

A los puntos estructurales planteados, se agregan factores como la dificultad para mantener la necesaria cohesión, siendo esperable conflictos internos, sobre todo, si se constituye desde los movimientos sociales, una oposición política autónoma que radicalice sus tácticas. En dicho aspecto, será muy difícil un acuerdo reducido al sistema político, o sea, a los partidos y con el parlamento como escenario.