El Imperio contraataca… en el patio trasero
Utilizando la lucha en contra el narcotráfico, Trump pretende el cambio radical de la situación política en Latinoamérica, desplazando o, en su efecto, derribando, los gobiernos no dispuestos a subordinarse.
Los anuncios y la extensión del conflicto aumentan gradualmente como partes de un plan cuyo objeto es cambiar radicalmente la situación de fuerzas en Latinoamérica con la derrota de los países que forman el Alba y aquellos que mantienen gobiernos izquierdistas.
Desde la Casa Blanca suponen que, al derribar el gobierno chavista, sus símiles de Cuba y Nicaragua no serán gran problema. El propósito final es que toda la región se mantenga como fiel y subordinado aliado, alejando cualquier posibilidad de que China adquiera influencia decisiva.
La contraofensiva abarca todas las dimensiones, desde la económica y política hasta la militar, escenario frente al cual, Washington no cederá y emprenderá una intervención que ya se observa desembozada y sin miramientos.
De esta manera, el gobierno estadounidense se maneja como el que dicta la normas y presiona de diferente forma para obtener los resultados que se propone. Es evidente que la lucha contra el narcotráfico es la gran excusa, una estrategia que no es nueva, ya que fue aplicada por el ex presidente Ronald Regan en los barrios afroamericanos para destrozar su organización comunitaria que resistía los embates de las grandes compañías inmobiliarias que se apropiaban de los barrios. Hoy, es lo mismo, pero es el negocio de los recursos naturales el que necesita destruir a sus oponentes, en especial, los Estados. De allí, que se complemente con la acción de las derechas locales y de los socialdemócratas neoliberales. Según la versión de los gobernantes norteamericanos, no hay espacio para compartir con otra potencia el dominio de la región.
No obstante, la presencia de China no es fácil de debilitar, ya que es el principal socio comercial de relevantes países y en otros sus inversiones aumentan considerablemente.
Aun así, es evidente que existen áreas de importancia, como Centroamérica y el Caribe, la región andina, la Amazonía, la Antártida, el archipiélago de las Galápagos y otras, determinadas por el carácter geoestratégico o por la abundancia de recursos naturales.
En dicho contexto, la dispersión y falta de unidad juegan en contra de cualquier intento de oponerse con decisión a los designios de Washington y las definiciones electorales le han sido propicias, tanto en Ecuador como en Bolivia y se deben esperar los resultados en Honduras y Chile, así como la forma en que desemboque la crisis en Perú.
Los resultados de medio tiempo en Argentina de las elecciones de hoy, son otro indicativo de que el enemigo es duro de roer y que no basta con tener la razón, sino que también se debe tener un claro proyecto alternativo al tipo de sociedad capitalista que pretende imponer Trump.